Sunday, August 9, 2009

La Cosa Nostra Dominicana

Algunos apuntes sobre La Cosa Nostra Dominicana de

Dió-Genes Abréu

 

 Carlos Manuel Rivera

Catedrático Asociado Bronx Community College, CUNY.

 

 

          Finalizó el siglo veinte, dejando inmersa La Cosa Nostra como márgenes y subalternos que hemos llegado hasta la saciedad de incertidumbres, preguntas, cuestionamientos, ambigüedades y disyuntivas, quizás oximorónicas, y aún no resueltas. Como si fuera poco, comenzó un nuevo milenio, con ya una década desde su inicio, donde las premisas continúan y no se resuelven.

         De esta forma, el proletario se fragmenta, se dispersa, invirtiéndose sus valores y desenmascarándose a los paradigmas y saberes absolutos que se les vendían como alicientes paradisíacos en un mundo sin sentido y de angustia existencial. Entonces, ¿qué nos queda como clase obrera y oprimida por el poder? Podía, a lo mejor señalarse que nos ampara una utopía  democrática o socialista con metanarrativas empequeñecidas, como organismos microscópicos que acentúan sus dispersiones, rizomas y dislocaciones para transgredir  y subvertir a la hegemonía.

         Sin embargo, a pesar de estas preguntas sin respuestas inmediatas, nos inclinamos a visualizar a un capitalismo tardío que prosigue su cometido, mientras canivaliza y excede su corriente necrofílica que admira y erotiza su Cadáver exquisito.

De esta manera, el Otro situado frente al poder, confunde su línea fronteriza, su liminalidad; un limbo, donde el narcotráfico compite con el mercado de los precios de petróleo, utilizándose a través de un camuflaje, en el cual el caos empresarial y organizativo, nacional, o institucional se figuran fuera de la culpa.

          Así, el consumo, el deseo insatisfecho, el crimen, la delincuencia, la prostitución, por mencionar algunos conflictos de nuestra vida, se colocan como signos de una marcada civilización versus barbarie latinoamericana y antillana que desborda abyectamente por los confines del primer mundo. Es decir, Europa y Estados Unidos prometían grandes ágapes a sus súbditos y ahora la ruptura de fronteras, las nuevas cartografías, las nuevas identidades, subjetividades y sensibilidades y los crecientes transnacionalismos, privatizaciones  y desmantelamientos de sistemas, se derrochan  por un mundo real, virtual e hiperreal, en el cual la brújula y sus puntos cardinales agotan sus baterías y cargas electrónicas, para encausar la encrucijada y abrazar a las partículas cuánticas que nos esperan  abiertas en un universo social fractal.

         Ahora, no es que ansiemos una contestación  a nuestras reflexiones, ni que tampoco  se nos diseñen soluciones a los ingredientes que hemos colocado, sino nuestra sociedad o nuestra cotidianeidad de esa práctica diaria sea un antídoto en lo que digerimos paulatinamente lo que  Dió-Genes Abréu nos sugiere con su obra La Cosa Nostra Dominicana.

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